OPINIÓN | La valentía del diplomático Alex Saab ante la cobardía del fugitivo Leopoldo López

Nicolás Maduro con Alex Saab en el palacio de Miraflores

Ene 22, 2024

Noticias Alex Saab

Publicado en Diario El Pepazo
La oposición terrorista no supera el odio contra nuestro diplomático venezolano vilmente secuestrado en Cabo Verde. En realidad, contra nadie, yo siempre he creído que el odio de esos bandidos es algo congénito. Y lo mismo son los hombres que las mujeres.
Pero, con respecto al odio contra Saab, hay algo que me resulta curioso.  El empresario y diplomático desafió el poder criminal de los gringos, se arriesgó a buscar alimentos, medicinas y gasolina, para el pueblo venezolano, cuando los norteamericanos nos tenían bloqueado. Y la gente lo ve como un héroe. No es cualquier cosa desafiar al imperio estadounidense, el imperio más genocida y criminal del mundo.
Recibió torturas al punto de que, íngrimo en su celda, se quedó esperando que regresaran a matarlo como le prometieron sus verdugos, y no se rajó, no se prestó a fabricar las calumnias que los gringos pretendían elaborar en contra del presidente Nicolás Maduro.
Saab sabía que si decía las falsedades que esos asesinos querían que expresara de Maduro, no lo volverían a tocar. Es más, le garantizaban que si accedía a esa infamia, le llevarían la familia a los EEUU, pero eso era imposible, en los genes de Saab hay una recia combinación de palabra de hombre, valentía y dignidad.
Y en mi criterio, de esa mezcla, sobre todo de la valentía, viene el odio contra Saab. Tiene de sobra lo que les falta a esos hampones que conforman la oposición terrorista, quienes siempre han demostrado ser unos cobardes. En las guarimbas, se rodeaban de gente y apenas la marcha arrancaba, corrían a esconderse en los estudios y las redacciones de los medios de comunicación.
Lo de Leopoldo López fue un caso asombroso. Tan pronto como el camarada Diosdado Cabello responsablemente le comunicó que su misma gente lo quería asesinar, buscando desatar una violencia incontrolable, se le entregó lleno de pavor.
Desde entonces, no hizo más que llorar en su celda. Su esposa Lilian Tintori, incluso, tenía que espantarle las cucarachas para que calmara los nervios, a fin de que se pudiera concentrar en el amor que ella le entregaba en las visitas conyugales. De lo contrario, su miedo lo anulaba.
Ahora, fugitivo en el exterior, se la da de bravucón, muy diferente a la valentía de  Alex Saab, quien salió libre con la mayor humildad, no hace alarde de su arrojo, aunque su coraje y su valor se lo reconocen en muchas partes del mundo, y en Venezuela desde el presidente Maduro para abajo. Honor a quien honor merece.

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