Secuestro, tortura y extracción, tres palabras cuya infamia definen el caso contra Alex Saab. Arista jurídica del asedio que desde la administración de Barak Obama ejecuta el gobierno de los Estados Unidos contra el pueblo venezolano.
Hace 5 meses el Enviado Espacial de Venezuela fue extraído de una cárcel en África sin que el proceso de extradición en su contra, viciado desde el origen, se haya concretado.
5 meses es más de la mitad de la gestación humana. Tiempo que se suma al secuestro en Cabo Verde con torturas incluidas. Tiempo durante el cual se gestó una lucha que en principio se sustentaba en la diplomacia y el derecho internacional, pero que con el paso de días, semanas y meses volvió a su principio original: la humanidad.
Todos los derechos inherentes a la persona de Alex Saab se violaron. Las bases más sólidas de la diplomacia se socavaron. La frágil línea del derecho internacional que sustenta la paz entre naciones se cortó a la fuerza y no de tajo.
El odio contra Venezuela y Alex Saab
Sí es una persecución política, sí es un acto de venganza contra la persona que ayudó al gobierno de Venezuela a sortear sanciones criminales que buscan extorsionar con hambre a una nación entera, pero en principio es un acto de odio. Del odio más bajo y denso, el que pretende la anulación del otro por ser diferente.
Los Estados Unidos yerran en su método. Las sanciones no resuelven nada, por el contrario, fortalecen al sancionado; pero dejan muertos a su paso. Muertos venezolanos cuya responsabilidad cae de forma lapidaria sobre la mermada por idiota oposición venezolana, la que aún hoy, de cara a la evidencia de su error sigue pidiendo sanciones.
Cada día de cautiverio de Alex Saab se cuenta como un día de acaparamiento de alimentos y medicinas contra el pueblo venezolano. Cada día de secuestro de Alex Saab es un ataque directo al progreso y desarrollo de Venezuela, a su economía que se levanta como un David astuto, sagaz e inteligente que conocía bien a Goliat y logró sentarlo en su mesa.
El mundo sabe esto, por eso alza la voz. Desde Canadá y Estados Unidos, la casa del agresor. América Latina toda, incluso en territorios cómplices como Colombia y Ecuador. En África y en Asia, en Europa.
La liberación de Alex Saab es un grito gestado en Venezuela y que la Fundación Free Alex Saab, bajo el liderazgo de Camilla Fabri, ha logrado replicar. Pero que ya no le pertenece, porque de lo que se trata en esta lucha que muy pronto verá la luz es de la justicia y la humanidad.




